No hay nadie que espere por mi mamá, y por como lucen las calles en esta noche triste, es de esperarse, que la vida canse.
Sin embargo, entre tanta fatiga y cansancio, mamá, he regresado a casa. Y como era de esperarse, nadie me espera. Estoy solo. Las fotografías sobre mi mesa, mamá, lo comprueban. Son recuerdos, y las personas que se encuentran ahí, se han convertido en historia.
Sin embargo, lo único bueno que me queda entre tanta nostalgia, es tu llavero y un dije en forma de corazón que me regalaste, aquel día de primavera.
Tal vez no llegues a escucharlo mamá, pero anhelo volver a verte algún día. Y espero que al hacerlo, estemos como esa mañana de marzo, cuando estábamos tirados sobre el verde pastizal y decías que me querías.
Ojalá que conforme pase el tiempo, gane el amor y no la melancolía. Porque si lo segundo gana mamá, quien sabe, si tu hijo aún se encuentre con vida.
— Denise M.
— Manuel Ignacio.